abril 20, 2014

olvida que alguna vez existió la caída


Uno solo sabe caer,
caer,
caer,
caer,
caer,
caer,
caer,
caer,
caer,
y caer,
y cuando cree que no puede caer más,
cae.
Hasta que una mano le pone en pie.
Y le dice que no va a caer más.
Y parece verdad,
porque desde entonces solo sabe tocar el cielo 
estando de puntillas.
Incluso a veces olvida que está el suelo.
No sé si para bien,
o para mal.
Si bueno, 
o malo.
Pero lo quiso así.

no sé hablar del tiempo a medias, pero puede que aquí sí

El tiempo.

Y cómo es el tiempo. El tiempo, que tanto tarda en llegar cuando esperamos, que tanto dura 
cuando desesperamos y que tan rápido pasa cuando más queremos detenerlo.

Te das cuenta que llevas el reloj de tu vida y parado. Está parado, o atrasado. No sé qué le 
pasa. Es quizá por eso que nunca llego a coger bien a tiempo ningún tren. 

Empiezas a ver desde el cristal que todo pasa a la velocidad de la luz, y no sólo hablo de 
marchas. 

Hablo de que sé que aunque el reloj pare, la vida sigue. Pero no sé por qué el reloj me recuerda tanto a un parque de atracciones. 
Quizá porque cada segundo que pasa, gira como una noria. Giramos con él. Quiero decir.

Creo que ya sé pisar sobre mis propios pasos y con la mirada fija, puesta al frente. 
Y no me he caído.
Miento.

Me he dado cuenta que pasamos el tiempo de nuestra vida de reloj mirando al precipicio.
Creo que solo nos tiramos si somos dos. Saltando juntos.

Tardaré más de a saber cuántas entradas intentando hablar de éste. Pero el tiempo nunca es suficiente. Y mejor tarde que nunca.

Pero era por hablar de que también existen los hoy no. Quizás los mañana sean mejor. Pero ojalá no me lo repita cada día.

He probado a poner en hora de vuelta al reloj. Pero que no hace caso. 
Que solo vuelve en hora con tus besos, dice.

marzo 08, 2014

otro puñadito de cosas que nadie debería saber

Hoy. Por millonésima vez, me dio por pensar. De esos días en los que el mundo no tiene que ver contigo, de los que te pones a escuchar música y haces como si el mundo tuviera menos importancia. De esas veces que te da por hacerte las mismas preguntas y empiezas a plantearte un pequeño debate dentro de la cabeza y por más vueltas que le des no consigues sacar mucho en claro.
Pues hoy era uno de esos días. Yo estaba completamente concentrada en una de las preguntas de si las cosas pasan porque tienen que pasar. En si las vidas que una vez se separaron pueden volver a juntarse, a encontrarse nuevamente.
Que si todo esto es casualidad, o causalidad. Si de verdad existe el destino, o sin embargo somos nosotros los que forzamos la marcha. Los que elegimos cada paso y cada lágrima. En si el hoy, es la consecuencia de nuestro pasado y nuestro antecedente al futuro. O si simplemente esto pasa porque sí, y ya.
Nunca supe que creer. A veces me daba por pensar que las cosas ya venían preestablecidas, y otras veces que somos nosotros quieres vamos guiándonos por el camino, quienes decidimos si seguir adelante, si cambiar la dirección o si retroceder en algún momento que hubiésemos dado por perdido.

Hoy, hoy pensaba en si merece la pena ser uno mismo, al cien por cien. Mostrar todo de uno sin barrera alguna, sin máscaras. O si por el contrario merece más la pena crear máscaras para ocultar lo que verdaderamente somos. Puede que nunca haya llegado a estar de acuerdo al cien por cien en algo. Puede siquiera que nunca haya llegado a decidirme claramente por una opción. Pero, permitirme deciros que estoy segurísima de que merece la pena ser uno mismo. Con sus pros y contras. Aunque hayas perdido más que ganado. No hay nada más cómodo que mostrar todo de ti sin temor alguno. Mostrar como eres, a cara descubierta. 

Hoy, pensé en las mil historias que aunque queramos no volver a repetirlas vuelven a ocurrir. Que por mucho que queramos escapar de algo, es cuando más nos toparemos con ello.

Hoy pensé en el pasado, el presente y el futuro.
Me pregunté por todo aquello que una vez quise ser y todo lo que he conseguido ser ahora. Puede que de todo lo que tuve planeado una vez, solo haya sido cumplido una cosa, quizás dos. 
Pensé en que mil cosas que me encantaban antes, han perdido ahora totalmente mi interés. 
Y en que hoy por hoy las cosas no son para nada como pensaba que serían.

Luego me dio por volver a pensar, y echar una vista hacia el futuro. Intentando buscar algo más allá del qué seré, o del qué habré conseguido. Pensaba en si habrá algo que consiga captar mi atención mucho más tiempo del que suele durar la curiosidad. Para explicarlo mejor quiero poner un ejemplo. (Una vez, -en una clase sin importancia- me dijeron que los ejemplos son una de las mejores formas para conseguir comprender todo un concepto. Y que resultará una tontería, pero aquello fue una de las cosas que más recuerdo de mis años en el instituto con completa claridad).
Imagina que compras un sofá. Un sofá nuevo que ofrece comodidad y masajes de lujo. Aquel momento mostrarás la felicidad de haber adquirido algo que sabes que vas a poder disfrutar cuando quieras y eso te hará sentir bien, te llenará de alguna u otra forma. Pero, con el tiempo, comenzarás a acostumbrarte a tal objeto y empezarás a perder la ilusión de probarlo, puesto que lo tendrás como algo común. Es decir, su función empezará a hacerse cada vez más normal para ti y ya no apreciarás tanto al sofá que tanto antes te llamaba la atención. Perder el interés, digo.
Es por tanto que entonces pienso que conseguiré dar con algo que mantenga mi atención siempre, que me llene desde el principio y no deje de sorprenderme día a día.

Hoy pensé en el miedo. El miedo que nos rodea y no nos deja nunca tranquilos. Y creo que no hay peor miedo que el tener miedo a tener miedo. Todo en mí son preguntas y preguntas. Y que nunca encuentro respuesta o soluciones coherentes.
Guardo el miedo de que algún día las grandes palabras pierdan el completo significado que antes tenían. O, como en el ejemplo, que las cosas que tienen valor terminen llenándonos de la misma forma que las cosas que no tienen valor alguno.
A que las cosas ya no sean especiales, a que ya no hayan primeras veces para nada, y ese sentimiento se pierda por completo.

[...]

enero 25, 2014

Querido lector

Allí. Justo allí. Fila trece, sección cuatro, parte baja de la estantería. Ahí estoy yo. Entre otros tantos libros. Justo ahí, ni se me ve. Y normal. Soy de esos libros que nadie lee.

Y qué. Soy un poco libro abierto. Puedes mirarme, antes que verme.
Saber de mí incluso un poquito. Pero qué va. No te creas que antes de abrir siquiera la portada ya sabrás qué pasará conmigo. Qué va. 
Es más. Todo eso no te traerá más que quebraderos de cabeza, o puede que no. Depende de lo que leas, querido lector.
Puedes leerme. Una página, dos, tres, las que quieras, hasta acabar el libro, o hasta dejarlo a la mitad porque ya no puedes leer más. Pero que vuelvas a retomar la lectura.
Que no te digo que te vayas a encontrar ante el mejor libro de todos, pero tampoco creo que sea el peor. Te aseguro que no encontrarás mentiras (si eso alguna mentirijilla  que alguna vez se nos haya escapado) pero no, más verdades. Te lo aseguro.
No esperes estar ante el diario de la tía más popular de todas, porque para nada va a ser así. No te prometo poesías, comedias, o tragedias. Ni la mejor historia de todas. Es más, no prometo que sea entretenida. Quién sabe. A lo mejor querrás salir corriendo. Pero te prometo que encontrarás un poco de todo. Según me de, lector. Porque yo soy un poco así. Según me de.

Léeme, te invito a leerme. Seguramente encuentres mil mundos, unos mejores que otros. Eso seguro. Pero de los que vas a querer quedarte siempre, te lo aseguro.

Puede que no sea de las tapas más duras, o no tenga las hojas más curradas de todos los libros. Pero poseo argumentos, que quizás sea un poquito mejor.
Aunque, solo soy eso, lector, un simple libro. Puedes leerme o dejarlo para leer otro mejor. Sólo sé que leyendo habrás descubierto una cosa nueva.
Y tal vez, a mí.

enero 24, 2014

pero qué pasa aquí.

"¿Y me lo preguntas así? Tranquilamente.Como quien hace un salto en la conversación para encender un cigarrillo, y lo enciende, y después te echa el humo en la cara y te lo suelta."

qué importa el tiempo que pase, me importa lo que pase en ese tiempo

Las cosas demasiado fáciles siempre me dieron que pensar. Qué merecen si ni siquiera te ha costado un poquito de esfuerzo conseguirlo. Cómo vas a valorarlo, si no has dado nada por ello. Es algo que viene, y ya. Y de qué sirve. 
Lo que fácil viene, fácil se va. Y razón no le falta.
Siempre fue mejor conseguir algo, con esfuerzo, para disfrutarlo luego más. Porque cuando algo que has ganado con tu propio esfuerzo, eso, eso ya es otra historia. Y qué más da el tiempo que gastemos en lograrlo. Como si nos tiramos la vida. Nos tiraremos la vida, pero al menos buscando algo que de verdad nos ha valido la pena. Porque tener algo por tener, para qué. De qué sirve. Qué emoción tiene eso. Ninguna. Digo yo. Y seguramente que tú, también.
Y el tiempo. Menudo es el tiempo. Y qué rebelde. Nos promete darnos los mejores momentos. Nuestras mejores horas. Pero para qué, si luego se marcha. Se marcha, y no viene. Que ya volverá, dice. Y a saber.
Solo os digo que nunca le hagáis caso al tiempo. Es un mentiroso. Y no me digáis que no. Que no dura lo mismo una hora con alguien especial que una hora sin esa persona. Y  no solo eso, mil cosas más. Un mentiroso y un temerario. Porque siempre nos llevo a hacer las cosas a última hora. La última hora. Fíjate tú. Y por qué la llamamos última hora, si luego vendrán más. 
También nos hace creer que el tiempo corre, cuando no. Se para. Se para justo cuando estás en un momento de tensión, de nervios, de espera. Y que no quiere avanzar, dice. ¡Será traidor!
Yo solo os digo que nunca, nunca, os fiéis de él. Que a primera impresión, parece marcar solo unos cuantos tic tacs. Pero no, también te roba a ti. Y bueno, ojalá nunca sepáis lo que quiero decir.
Entonces creo que hay cosas demasiado fáciles como para tomárnoslas demasiado en serio. Que luego nos quejaremos, pero es así. Y que el tiempo a veces ayuda, y otras no. Que no siempre va de nuestra mano, vaya. Yo creo que el tiempo es un poco nuestro hermano mayor. Aprenderemos de él, pero siempre nos acabaremos tirando de los pelos por cualquier tontería. 
Así que no sé sinceramente qué quiero deciros con todo esto. Y me da igual. Sólo sé que mis manos se han empeñado a escribirlo y no paran. Normal. No paran. Siempre se les dio mejor hablar ellas. Que yo. Digo. Que mis palabras dichas. Quiero decir.
Si la vida tuviese activado el contestador automático yo creo que muchos mensajes tratarían un poco el tiempo. Y no me digáis por qué. Lo sé. Qué no trata el tiempo, esa es la pregunta. O el intento de pregunta, vamos. Porque yo creo que a veces la vida nos ignora. Un poquito.
Anda que no la habremos dejado mensajes, y ninguno nos lo ha contestado. Anda que no hemos llamado y no nos lo ha cogido. Que a lo mejor está cabreada. Qué sé yo. A lo mejor es tarde. Nunca es tarde. O siempre es tarde para todo, pero nos quieren hacer creer que no, que mejor así, de simple, y ya está. 

Lo simple aburre. -Corrijo- A veces. Otras veces simplemente puede parecerte lo más maravilloso del mundo. ¿Qué buscas? Algo simple, muy simple. Si es que no nos aclaramos. Cómo no va a estar la vida harta de nosotros. Cómo no.
Pero realmente, por mucho decir que nos parece mejor lo difícil, siempre caemos en algo fácil.
Y que quiero decir. Que supongo que empezaremos a perseguir nuestros sueños el día que nuestro sofá deje de ser cómodo.

Creo que si tuviéramos menos tiempo empezaríamos a organizarnos mejor las cosas, a tomarnos la vida más en serio y a hacer aquello que realmente queremos hacer, sin rodeos. Sin perder el tiempo. Y que no nos damos cuenta que es valiosísimo. Y lo gastamos como si nada. Como si luego fuese a volver. Y no. El tiempo, si fuese una persona, sería de esas que vienen, te desordenan y se van. Literalmente, y no tan literal. Se van. Y no vuelven. Ni siquiera se girarían para decirte adiós. Simplemente se irían, y que te vaya bien.

Si cada minuto fuera dinero, os aseguro que no estaríamos aquí, o allí, haciendo lo que estamos haciendo. Estaríamos constantemente pendientes de él. Y tampoco es eso. 
Esto no consiste ni en obsesionarte con el tiempo, ni en regalarlo así como así. Consiste en saber invertirlo. En no dar más a quien merece menos, y dar más a quien no tiene casi apenas tiempo ni para ellos mismos. 


Qué fácil pueden ser las cosas y cuánto nos complicamos. Y que mejor así. Complicado, digo.
Los laberintos mentales siempre fueron bonitos, al menos acompañados de alguien que los recorra. 
Y, que, las cosas no valen por el tiempo que duren, sino por lo mucho que marquen. Y no sé si con esto me he explicado.

enero 23, 2014

Él era más de volar,
ella de no ahogarse.

Él era más de gritar,
y ella de ahogarlo todo
en un suspiro.

Él era más de correr,
ella de no caerse.

Él era de subir,
ella de tirarse al vacío, 
porque era vacío.
O porque esperaba que
él estuviera evitando la 
caída.

enero 16, 2014

ctr

Hace algún tiempo me contaron que existen unas cuantas leyes en la vida, concretamente me hablaron de cuatro leyes importantes.
La primera ley trataba que "las personas que llegan a tu vida son las correctas" o "la persona que llega es la correcta". Es decir, que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, que todas las que nos rodean, interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender, y, avanzar en cada situación.
La segunda ley “lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido”. 
Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: “si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra…”. No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo. 
La tercera ley “cualquier momento que comience es el momento correcto”. Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará. 
La cuarta y última ley decía algo como “cuando algo termina, termina”. Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia. 

Probablemente no sea casualidad que estéis leyendo esto, puede que si este texto llegó a nuestras vidas hoy; es porque estamos preparados para entender que ningún copo de nieve cae alguna vez en el lugar equivocado. O yo qué sé.
"El fracaso es tu único enemigo." No estoy de acuerdo con esa afirmación, el fracaso es parte de nosotros, demuestra que fuimos valientes para intentarlo, y a la vez es didáctico. De todos los errores hay que sacar algo positivo. 
 Avanzar no es otra cosa que intentar algo, fracasar una o varias veces, aprender, sacar conclusiones y volverlo a intentar hasta lograrlo.  Muchos fracasos te acompañarán a lo largo de la vida, no lo hagas tu enemigo, no dejes que sea un motivo para rendirte, sino algo necesario por lo que todo pasamos para llegar allí donde queremos.

enero 11, 2014

mi teoría de todo

Vengo a confesar que he dado mil vueltas por el blog intentando escribir algo que me llamase la atención, encontrar esa chispa (como se suele decir) que me haga que las palabras salgan rodadas.
Y bueno, entonces me vino a la cabeza que hace menos de media hora estaba en la calle dando una de esas vueltas que no acaban nunca y que siempre te sientan bien para despejarte.
Pienso que todos deberíamos tener un rinconcito muy nuestro que nos hiciera acudir a él siempre que nos encontramos un poco bajos de ánimo. -Corrijo-, creo que todos tenemos un rinconcito muy nuestro al que acudimos siempre que nuestro estado de ánimo está por los suelos.
Probablemente el mejor lugar que exista sea nuestra habitación. El sitio de "ya va a encerrarse a su habitación" que pasa a ser para nosotros algo como "ya voy a liberarme en mi habitación". Y qué ironía.
Supongo que algo en nuestra vida a veces da parones y nos pide anuncios para descansar y volver a retomar las buenas historias. Y de ahí esos constantes vacíos y frenos de mano en la vida. Que yo qué sé.
Entonces pensé en que las palabras hoy en día son baratas. Quiero decir: podemos decir cualquier cosa, buena o mala, ¿por qué? ¡son gratis! Y si no lo fuera supongo que la gente no iría por ahí diciendo las cosas sin pensar. Dejarían de lanzar palabras que hoy en día se pronuncian muy fácilmente, se guardarían para ellos las chorradas y no actuarían como si estuvieran en la planta de rebajas. Y que probablemente sea la mayor chorrada de todas, pero es verdad, actuamos así, como si las palabras no importasen: nada.
Tampoco tenía pensado hablar de las cosas que deberíamos hacer porque si lo supiera os aseguro que no estaría escribiendo esta entrada. Pero sí de un poco mi teoría. Mi teoría de todo.
A veces pienso que esta vida está pre-establecida. Como si cada uno de nosotros tuviéramos un papel concreto y tuviésemos que cumplirlo a rajatabla. El problema es que ninguno (o casi ninguno) de nosotros tiene idea de qué debe hacer. Yo creo que el papel de mis instrucciones lo quemé porque me aburría y no sabía como salir de ahí. Siempre me gustó un poco más la aventura y las sorpresas, aunque tampoco tanto.
Me gustó pensar eso de que las cosas sucedían por algo, -o por alguien-, ¡qué se yo!
A veces mi teoría de todo es que nada dura para siempre. Sí emocionalmente, pero no de la manera que nosotros queremos y eso es terrible.
Otras veces no tengo teoría porque todo me parece demasiado trágico. Aunque supongo que eso tampoco es para tanto. Solo sé -y puede que sea parte de mi teoría- que algo hacemos mal. Nos estamos volviendo unos completos idiotas, todos. ¡Desde cuándo una sonrisa dependía de una última conexión! O yo que sé, por cualquier cosa. Antes éramos más fuertes mentalmente, antes sabíamos controlar un poquito mejor las emociones (creo yo). Ahora lo único que sabemos hacer es quejarnos por cualquier cosa. Depender de un estado de twitter o de facebook.
Suelo pensar negativamente para luego no chocar demasiado con la realidad, pero supongo que a veces necesitamos días realmente malos para darnos cuenta de lo bonitos que son los demás días en la vida. Esta vida. Y quizás eso sea lo único importante.



diciembre 31, 2013

cuenta atrás

Aún recuerdo cuando empecé el 2013, dando el primer paso confuso y felicitando el año nuevo. Aunque he de decir que el 2013 no me daba buena espina, tampoco fue tan horrible como pensaba, pero poco a poco las cosas cambiaban.
Y qué, parece que fue ayer cuando empezaba segundo de bachillerato, con su temida palabra "Selectividad" que no parábamos de escuchar. Y después de tantos agobios, malas rachas y momentos de nervios aquí estamos. Alguna vez llegamos a pensar que no podríamos con nada, que las cosas se nos venían muy encima, y que nos ahogábamos en muchas situaciones, pero a pesar de todo, seguimos, y ahora, dándole paso a un nuevo año.
La verdad que a última hora todo ha empezado a dar un pequeñito giro, a mejor. Y no sé, podría seguir girando hasta ir todo rodado, que al menos haya algún año que rebosen las alegrías y no las lloreras.
Normalmente la gente suele dirigirse a personas, de una en una, pero yo no lo veo necesario, supongo que cada uno se expresa como quiere y yo no necesito nombrar nada para saber que aún hay gente que me sorprende. Que mantengo lo que fue bueno, desde siempre, y que descubro lo que siempre estuvo y no sabía. También que pierdo lo que pensaba que tendría ahí, para qué voy a negarlo. Pero cada día nos hacemos un poquito mayores, y cada persona tendrá su razón de venir, o de irse. 
Siempre pensé que mi libro estaba mal estructurado, que las páginas venían mal colocadas y que habían partes que eran mejor no vivir, y puede que hasta tuviera algún que otro tachón, pero ahora creo que puede que sea porque simplemente no sabía qué quería, siempre me venían las confusiones en los últimos momentos.
Pensé en escribir sobre las más de mil cosas que quiero proponerme para el 2014, pero sé que no llegaría a cumplir ni la mitad, así que, prefiero pensar que, intentaré disfrutar lo que no pude en 2013, y si no, supongo que vendrán más años, aunque en que el esté viviendo quiera salir corriendo.
Eso es todo.
Feliz año nuevo a todos, espero que se cumplan todos vuestros sueños y metas en la próxima etapa. Que encontremos aquello que una vez buscamos, y que si perdemos algo, que sea lo malo que intentaba destruirnos poco a poco.
Nunca perdáis aquello que siempre fue esencial, no intentéis quedaros con ello y guardarlo como si fuera completamente vuestro, porque llegará el día que eso que fue esencial, deje de ser lo que fue antes para vosotros. 
PD: No cambiéis nunca por nadie, ni por nada en el mundo que no sea porque queráis vosotros.



Feliz año nuevo: 

Suspiros.

diciembre 28, 2013

"vienes, lo desordenas todo y te vas"




A medida que pasa el tiempo me voy dando más cuenta.
Soy, o somos, un caos con patas. Tan sólo eso. Así somos. ¿Qué por qué?
Porque nada completo puede ir bien. Y así es. Cuando un aspecto de nuestra vida empieza a ir bien, otro empieza a ir desastrosamente mal. ¿El problema? No sabemos como pararlo.
Cuando pensamos que ya lo tenemos todo controlado, empezamos a darnos cuenta que ni hemos empezado a tenerlo entre nuestras manos como para solucionarlo.
Caos porque "este puto lío en mi cabeza que no sé ni por dónde empieza ni por dónde acaba" era demasiado largo. Más que nada, no tenemos cabeza, tenemos laberintos, pero sonaba más bonito así. Y cuidado si alguien intenta introducirse dentro de ella, ya no va a saber salir. Así que, me dirijo a ti, seas quien seas, si alguna vez entras en la cabeza de alguien como nosotros, o como tú, cuidado, no te pierdas.
Nunca supimos manejar bien una situación, supimos manejarla, sí, pero jodidamente mal. Pero siempre teníamos esa sonrisa traviesa para terminar de rematar la metedura de pata. (Intenta sacarla ahora y como puedas, si es que puedes). Y nada más, desconocido.
Solo espero que no te topes con alguien así. No sea que te conviertan en más caos. 
O, al menos traza un plano antes de entrar, para que luego sepas volver a salir. 


diciembre 22, 2013

Qué poquito queda aquí

No recuerdo muy bien cómo he llegado hasta aquí, pero sé que llevo unos veinticinco minutos frente a la entrada con la intención de escribir algo, pretendía hacer algo que dejase sin palabras, aunque la que está sin ellas ahora soy yo. (Igual es que tienen miedo a salir por si se vuelven a topar contigo, que se encuentren con tus ojos, y luego me hablen de nostalgia).

diciembre 21, 2013

He vuelto, 
pero no me fui.
Volví para ver
si aún estabas,
pero nunca estuviste,
y yo nunca volví.

Volver no existe,
te quedas,
o te vas,
y yo escogí,
perdernos.

siete días para darte cuenta de que nada ha servido para nada

han pasado algo así como siete días 
siete días desde que dije que no volvería a cometer la misma estupidez de siempre,
de decir que ya nada duele,
ya no duele,
menuda tontería.
siete días intentando buscar la mejor manera 
de hacer que nada importa,
siete días,
y qué,


podría hacer un resumen pero en realidad he estado
yéndome todo el tiempo,
nunca he vuelto,
tampoco nunca me fui del todo.


y que menuda ironía que por más que me claves
por la espalda, sigo encontrando trozos de
'mañana quizá todo se arregle' y no
daño.


que no preguntes, porque tampoco sé,
nunca supe.
luego lo intento y rompo a 
llorar.


Dijeron que ella siempre dejaba el corazón por el suelo. Caía olvidado, o lo tiraba directamente porque siempre fue de llevarlo en mano y que se lo rechazasen.
Que era de las que tiraban el corazón con fuerza y sin pensarlo, que le daba igual que fuera suyo, luego echaría a correr como si nada hubiera pasado. 
Una vez dijeron que corría pero nunca avanzaba, y que volaba aún sin tener alas. Ella nunca las necesitaba. Sabía que nunca podrían cortarle unas alas que nunca había tenido. 
Dicen que una vez se le cayeron un par de sonrisas que tenía guardadas en los bolsillos, de repuesto. Y que nunca estaba quieta esperando a ver la vida, sólo pasaba por debajo.
También decían que cada paso que daba era nada, que no le costaba andar mucho, lo que le costaba era dejar de hacerlo.
Yo creo que ella no era por ser, y que no andaba por andar. Yo creo que tiraba el corazón sólo para ver que ya nada duele más, y por perderse ella y no otro.


Había escrito una entrada. La borré. Había escrito una larguísima entrada y a mitad voy y me da por borrarlo todo, de un tirón. Sin guardar nada. Y no sé por qué. Supongo que nuestra vida a veces nos da esos parones de "no sé por qué lo estoy haciendo pero sé que debo hacerlo". Empecé a escribir sobre una frase que leí hace ya un tiempo, pero aún la recuerdo un poco. Decía algo así como que vives y eres capaz de dar la vida por alguien, y ese alguien resulta que daría su vida, pero por alguien que no eres tú. Preferí no comentar esta gran mierda. Puesto que todos necesitamos ser correspondidos. Pero supongo que es normal y que la vida es un poco así. No hablo por mí. Hablo por.
Una vez me dijeron ¿por qué nos da por querer a quién no nos quiere? nunca supe qué responder porque sabía que esa pregunta tenía una razón aterradora. Así que no respondí. Pero siempre estuve dándole vueltas. Parece que el ser humano está hecho para llegar a querer a alguien mucho y que ese alguien ni siquiera te dirija la palabra, pero lo vemos desde el lado dramático y no desde el lado en el que somos nosotros aquellos que queremos a otra persona distinta de la que nos quiere a nosotros.
Esa frase es muy arriesgada, puesto que dar la vida por alguien que no te quiere sería algo muy estúpido. 
Yo no daría la vida por alguien así como así. Y es más, me gustaría pensar que aquellas personas (que son poquísimas) por las que realmente daría la vida también la dieran por mí. Aunque, sinceramente me daría igual. Cuando entregas tu vida de tal manera por alguien, las consecuencias te dan igual. Puede sonar contradictorio, pero el amor, es un poco así.
Y no me refiero a querer de "te quiero tanto que pondré tu foto en mi fondo de pantalla". Me refiero a querer de algo más que querer, de necesitar y ser imprescindible. Y no tiene por qué estar relacionado con el amor.
Entonces supe que había hecho un poquito bien en borrarlo todo, puesto que nunca había llegado a ninguna conclusión exacta, sin poner un pero, o un quizás.
Supongo que en la vida, hay cosas que no tienen respuesta. ¿Por qué nos da por querer a quién no nos quiere? Porque somos humanos, y cometemos estupideces. Cuando una persona quiere, le da igual hasta qué punto puede llegar con tal de hacer lo que sea por esa persona. Entregar la vida, es mucho más. Y yo, espero no llegar nunca a tal punto.





diciembre 14, 2013

soy a ratos

Que no sabría que decirte de mí, 
salvo que soy una chica despistada. 
Pero tengo una ventaja, 
sé volar.
Sabía que mi yo es más rápida, 
y que puede que no se equivoque 
tanto.

diciembre 05, 2013

Qué formas más bonitas tenemos de hacer las cosas mal.
Somos personas que fingen oír llamadas para intentar escapar un poco del agobio.
Somos personas que eligen las fotos en las que no salimos tan mal.
Somos personas que intentamos tirar por lo nuestro y puede que a veces nos haga un pelín egoístas.
Somos esas personas que cogen los folletos que reparten en la calle porque no sabemos decir que no, y luego, lo pasamos mal mientras intentamos tirarlos sin que se den cuenta.
Somos esas personas que intentan colocarle un poco los platos al camarero de un restaurante, aunque luego acabamos colocándoles los cubiertos mal.
Somos esas personas que sostenemos la puerta a la persona de atrás y luego esa persona deja la puerta cerrarse en las narices del siguiente.
Somos esas personas que escuchamos a la gente para que luego no se sientan mal y luego ni nos enteramos de lo que dicen.
Somos esas personas que llevan la mirada al suelo con el miedo de cruzarse con la mirada de alguien que busca otra persona.
Somos esas personas que a veces cortan a otras mientras estaban hablando para que no se nos olvide lo que íbamos a decir.

En el fondo, no somos tan diferentes.

diciembre 04, 2013

Había una vez algo muy curioso, que no tenía ni pies, ni cabeza

Había una vez una chica curiosa, muy curiosa.
La chica, que se encontraba tumbada junto a su hermana sobre una gran explanada llena de flores cada vez parecía estar más aburrida.
Cuando, de pronto, pasó corriendo junto a ella un conejo blanco de ojos rosados. Parecía que tenía prisa.
La curiosísima chica fue tras él, sin darse cuenta que, a los pies de un árbol había una gran madriguera. Aquella chica cayó en aquel enorme agujero en busca de aquel conejo blanco.
O el pozo era de veras muy profundo o el descenso era muy lento; lo cierto es que mientras bajaba, aquella chica tuvo tiempo de mirar a su alrededor y preguntarse qué iría a pasar después.


Probablemente no encontrara forma mejor de empezar una entrada que así. Seguramente sepáis de qué estoy hablando. Pues, la siguiente historia ni tiene un conejo que porta un reloj y marcha a toda prisa, ni una reina malvada de corazones, ni un amable sombrerero loco, ni siquiera en esta historia la chica conoce a un gato mágico.

Érase una vez, una chica curiosa, muy curiosa. Tan curiosa que una vez, o varias veces cayó a un pequeño pozo sin saber por qué.
O el pozo era de veras muy profundo o el descenso era muy lento. Lo cierto, es que aquella chica, mientras descendía aquel pozo tuvo tiempo de mirar a su alrededor y preguntarse qué iría a pasar después. Hasta eso, le pareció lo más normal del mundo.
Aquella curiosísima chica una vez pensó que no volvería a conseguir salir de allí, puesto que, no veía la manera de volver a subir. Y no sabía si había caído muy abajo, o había caído mientras el tiempo se paraba, de tal manera que nunca llegase tal caída.
Cuando la curiosa chica descendió por completo, pudo contemplar que todo era diferente, que el mundo había dado un giro completo y que las cosas no eran lo que parecían ser. Miró hacia arriba, pero no consiguió distinguir nada, estaba todo muy oscuro. Por un momento le pareció encontrar algo, una persona, estaba casi pisándole los talones, pero, cuando quiso darse cuenta, aquella persona desapareció, así como así. De un toque, se evaporó. Se fue. Sin más.
Quizá en aquel momento aquella curiosísima chica supo que no podía explicarse a ella misma porque ella no era ella.
Aquel mundo era completamente diferente a lo que había experimentado antes. Y eso la extrañaba más, y la hacía hacer una chica, curiosa, muy curiosa, curiosísima.

Tampoco pensó en volver. Supo que había caído y que debía observar todo lo que tenía a su alrededor. 
A medida que avanzaba todo lo que estaba cerca de ella cambiaba de dimensión, de tal manera que aquella chica pudo ver cómo después de agrandarse, poco a poco empezó a empequeñecerse.
Todo resultaba grande para ella. Las cosas se le hacían enormes a la diminuta chica curiosa. 
A medida que avanzaba empezaba a encontrarse pequeños laberintos que, no sabía afrontar, pero acababa afrontando. Nada era lo que parecía. ¡Y qué curioso le parecía a la pequeña y diminuta joven!
Hubo un momento que aquella chica pensaba que estaba soñando. O que alguien estaba soñando y ella podía sentirlo. Pensó en que si todo aquello era un sueño, al día siguiente despertaría con ganas de cambiar el mundo. Pero pensó que incluso allí el mundo estaba demasiado cambiado. Una pequeña voz le dijo: están soñando contigo. Y si dejasen de soñar contigo, ¿dónde crees que estarías ahora?  Aquella chica nunca supo que responder, pero respondió con fugacidad: Estaría aquí, donde estoy ahora, naturalmente. 
Supo que no era cierto, de ningún modo, ella no estaría en ninguna parte porque ella era solamente una especie de idea en aquel sueño.
También supo que no podía ver a nadie, desde muy lejos.
Nunca se preguntó por qué, lo supo.
Recorrió aquel lugar mil veces, casi se lo supo de memoria, pero justo cuando creía conocerlo, el lugar cambiaba por completo. 
Eso la tenía más que intrigada. ¡Será curioso! ¡Cómo algo que parecía tan simple ha acabado tan lleno de direcciones que o no llevaban a ningún lado, o llevaban al mismo sitio! direcciones entrelazadas, liosas unas con otras, de tal manera que no sabía cuál era cuál.
Pasó el tiempo muy deprisa o muy despacio, pero aquella chica empezó a acostumbrarse al cambiante lugar.  Nunca supo qué podría encontrarse al día siguiente. Pero sí supo lo que no.
A su lado, mil cosas que no sabía qué hacían ahí, (tampoco intentó buscarle una lógica), en su cabeza, mil mundos.
Puede que la chica llegase a deshora y por eso a su corazón no le dio tiempo a costumbrarse. Pero poco a poco, empezó a ver que no sólo era el corazón el que tenía que acostumbrarse, sino ella misma.
Quizá entonces, fue ahí, cuando empezó a mirar las cosas tal cual eran, no según parecían. Todo le parecía que estaba patas arriba, pero si intentaba colocarlo, las cosas volvían a cambiar de lugar, y si intentaba recolocarlo, las cosas volvían a su sitio, y acababan descolocándose. 
Por un momento aquella joven pensó que alguien dentro de aquel mismo lugar le cambiaba las cosas de sitio cuando no prestaba atención. Pero la chica curiosa siempre prestaba atención. Es más, miraba una y otra vez lo mismo, para ver si algo nuevo sucedía.
Intentó trazar un mapa que reorganizase las zonas que había explorado muy detalladamente, y sus continuos cambios, junto con las que no había visitado aún. Siempre aparecía algo nuevo cuando menos lo esperaba, y eso la impacientaba y la intrigaba, más, más.

Sintió que aquel lugar lo había visitado más de una vez. Y que no estaba allí por casualidad. Pensó en que si volvía al sitio en el que estaba antes de caer al vacío, volvería al lugar extraño y maravilloso dentro de aquel agujero.
No sólo pensó eso. También se hizo una idea de poder entender todo al regresar, a casa, a su sitio. Pero sólo podría entenderlo si terminase de observar todos y cada uno de los rincones que cubrían aquel sitio. 
Más que curioso. Pero si no podía. Cada vez que pensaba que lo sabía todo, era cuanto más se alejaba de terminar de contemplar. Era difícil. Pero nunca pensó en dejar las cosas como estaban. Sólo tenía ganas de perseguir lo que le había hecho caer.

Tras varios intentos, le pareció ver algo más, le pareció ver que había algo que no le había dejado sola ni un sólo segundo de aquel parado tiempo. No sabía si era un objeto, un animal o una persona. Pero sentía que no estaba sola. Quizá por eso nunca sintió miedo de caer al vacío y encontrarse un montón de cosas disparatadas, desmoronadas y cambiantes.
Cuando intentó acercarse más, encontró frente a ella una enorme tela blanca con rebordes dorados. La chica levantó la tela y observó un viejo espejo. Le pareció lo más normal del mundo encontrarse un espejo en un lugar que había observado muchas veces y aún más cuando vio que sostenía algo entre sus manos. 
Más que curioso. Si antes no portaba nada en aquellas manos. No le hizo retroceder.
Sabía que era ella. Que su compañía era ella. Que ella le había arrastrado a caer en el profundo agujero. 
Pensó y pensó en que si ella había caído, ella sabría salir de ahí. 
La diminuta chica no comprendió cómo había conseguido ella misma llevarse hacia algo sin saberlo. 
Probablemente fuera porque en aquel lugar nada tenía sentido. Tampoco tenía sentido que aquella chica portase en sus manos un libro, sin dibujos, con un montón de páginas en blanco, podría decirse que vacío completamente.  De qué sirve un libro vacío, si no tiene nada que contar. Vacío, excepto el final. 
Entonces fue ahí, justo ahí, cuando aquella chica curiosa, muy curiosa, se dio cuenta de que aquel lugar, era su interior.